Admito aquella sugerencia en primera tonta, en segunda inquietante y en tercera lo suficientemente verosímil para cuestionarme hoy, un día de los tantos que he malvivido y malviviré, que es posible su predicamento. Me hace falta buscar a Dios.
Y lo necesito para escrutar este tejido enrevesado de tempestades, silencios y mucha angustia. Dios, que en tu omnisciente aura ya conoces lo que voy construyendo, ha terminado esta conversación y empezado otra, las posteriores, las iteraciones, dime, ¿por qué no puedo ser fugaz como tu presencia en el mundo?
Dios, claro que te haces el desentendido, «yo te hice a la par que me equivocaba en otras tantas cosas, ¿por qué habría de recordarte?» Dios, desde abajo creo verte en todos lados y no sé si pueda alguna vez hacer que me oigas, «desperdicio de materia, saco de vísceras con razonamiento, ¿en qué momento habrás de darte cuenta que yo no soy ni estoy porque ya fui?» Dios, estas palabras no te hieren ni alaban, son un eco de las eras, de los primeros infortunados traídos al mundo a sufrir tu gracia y gozar tu mierda.

Deja un comentario