…Y en cambio estoy aquí, escribiendo más y más de lo ordinario.
Las compras, los ajustes monetarios,
cómo es que se van volando billetes y sueños.
Al borde de una mesa, que no es propia, rasgándole uno o dos verbos al tiempo.
Espaciado, con sueño, como un animal que ya no se levanta con ganas.
Ahí,
a la espera de que el olvido se acuerde que tampoco yo quería su ausencia.
Las monedas poco a poco se me acaban, las riego por donde no paso.
La leche se ha cortado, la mufa se comió el pan de mañana, o el de ayer.
Esta lámpara vetusta parpadea, también tiene sueño, sueña a ser astro.
Me duelen los dedos, los callos crecen,
forman sus propios puentes de aquí a la guitarra,
de la guitarra otra vez a la nada,
a la rutina: la espera porque el día finalmente comience.
Solo esperando a que el olvido se acuerde de recordarme.

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